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2 de septiembre de 2026

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No estás perdida: estás atravesando un cambio de identidad

No estás perdida: estás atravesando un cambio de identidad

No estás perdida: estás atravesando un cambio de identidad

A veces, antes de encontrar un nuevo camino, necesitamos aceptar que el anterior ya no es nuestro.

A veces, antes de encontrar un nuevo camino, necesitamos aceptar que el anterior ya no es nuestro.

Escrito por Mechi Giobio

Escrito por Mechi Giobio

No estás perdida: estás atravesando un cambio de identidad

Hay momentos en la vida en los que algo deja de encajar. Y si, cuando nos damos cuenta, podemos pensar: ¡Qué pereza, por dios! o ¿Qué necesito mover que no estoy viendo?. La pregunta como primer movimiento, no como búsqueda de respuesta.
No, claro, no necesariamente pasó algo grave. No siempre hay una crisis evidente ni una decisión urgente que tomar. A veces, desde afuera, todo parece estar bastante bien. Los otros pueden tener una observación positiva de vos.
Pero adentro algo cambió. Lo que antes te entusiasmaba ya no lo hace de la misma manera. Las decisiones que antes parecían obvias ahora te generan dudas o pereza. Algunas personas, lugares o proyectos empiezan a sentirse ajenos, que nadie te entiende o que las conversaciones dejaron de interesarte. Generalmente el proceso se empieza a sentir con una fuerte sensación de soledad. Y aparece una pregunta que puede ser difícil de responder:
“¿Qué quiero ahora entonces?”
Y ahí comenzamos a pensar que estamos perdidas. Que ya tendríamos que tener certezas, que la edad, que la familia, que lo que creías, tus expectativas, las ajenas, etc, etc.
Pero quizás no. Quizás estamos atravesando un cambio de identidad. Y no hay respuestas, más bien hay preguntas, dudas, interrogantes.

Cuando la vida que construiste ya no representa quién sos, empieza el UMBRAL de cambio.
Porque durante mucho tiempo construimos nuestra identidad alrededor de determinadas elecciones:
La profesión que elegimos. La pareja que tuvimos. El lugar donde vivimos. La familia que formamos. La manera en la que aprendimos a relacionarnos. Los sueños que alguna vez tuvimos.

Y esas elecciones pueden haber sido absolutamente genuinas. El problema y, a su vez, el gran regalo de la vida, es que todo tiene ciclos, y todo tiene que nacer y morir en determinado tiempo.

Entonces, el problema aparece cuando seguimos intentando sostener una versión de nosotras mismas que ya cambió. Y déjame decirte, que eso te hace perder muchiiiiiisima energía vital en el intento de seguir haciéndolo encajar todo. Es muy posible que si lo viviste o lo estás viviendo, hayas sentido a tu mente, tus emociones, o tu cuerpo físico desequilibrarse, enfermarse, entrar en corto circuito.

Porque crecer no siempre significa sumar algo nuevo. A veces crecer significa reconocer que algo que antes queríamos ya no lo queremos. Y eso puede generar mucha confusión.
Porque es difícil soltar algo que, en algún momento, nos hizo felices. Y tampoco tenemos certezas de que volvamos a ser felices "soltándolo".

La incomodidad de estar entre dos versiones de vos.
Hay una etapa particularmente incómoda de los cambios: cuando todavía no sabemos quién estamos siendo.
Ya no somos exactamente quienes éramos, pero todavía no podemos reconocer con claridad quiénes estamos empezando a ser. Es un territorio de transición y atravesarlo es un proceso de valentía y reconexión con tu poder muy fuerte.
En ese territorio podemos sentirnos inseguras, contradictorias o incluso desorientadas.
Queremos respuestas rápidas.
“¿Qué hago?”
“¿Me quedo o me voy?”
“¿Cambio de trabajo?”
“¿Esto es lo que quiero?”
“¿Por qué ya no me alcanza lo que antes me alcanzaba?”

Que alguien nos dé una respuesta. Pero quizás estás intentando resolver con decisiones (y encima ajenas) algo que primero necesita ser comprendido y no todo lo que sentís necesita una solución inmediata.
Vivimos rodeadas de mensajes que nos invitan a resolvernos:
Encontrá tu propósito.
Tomá una decisión.
Soltá.
Manifestá.
Elegí tu mejor versión.
Sé siempre más y mejor. Más y mejor. Más y mejor.

Y aunque muchas de esas ideas pueden ser inspiradoras, hay momentos en los que necesitamos algo mucho más sencillo: un espacio para escuchar qué nos está pasando.
Porque no toda incomodidad significa que tenemos que irnos. Ni todo cierre o transición significa que todo lo que construimos tiene que quedar atrás.
No todo cansancio significa que elegimos mal. No toda duda significa que estamos tomando una mala decisión. A veces la incomodidad simplemente está mostrando que algo dentro nuestro está cambiando y de verdad, necesita un espacio concreto para tomar forma.

Algo muy clave en este punto es que, la claridad no siempre viene antes del movimiento
Una de las trampas más frecuentes, y por las que más nos quedamos en estadío de espera cuando estamos atravesando un cambio es creer que necesitamos tener todo claro antes de actuar.
Esperamos sentirnos seguras. Esperamos saber exactamente qué queremos. Esperamos dejar de tener miedo. Tener el dinero suficiente. Menos responsabilidades. Más energía, o que aparezca por arte de magia la respuesta que resuelve todo y enciende la vida.
Y mientras esperamos esa certeza, podemos pasar meses —o años— pensando, analizando y cuestionandonos.

Pero la claridad muchas veces comienza a asomarse después de dar un paso. Cuando empezamos a probar. Cuando decimos que no. Cuando ponemos un límite. Cuando dejamos de hacer algo que ya no queremos.
Cuando nos permitimos explorar una posibilidad sin exigirnos saber todavía si será “la correcta”. En la experiencia, el cuerpo, la mente y el espíritu empiezan a integrar otra información muy valiosa.

Entonces, ¿cómo saber si estás perdida o atravesando un UMBRAL?
No existe una fórmula, pero hay algunas preguntas que pueden ayudarte a mirar lo que está pasando desde otro lugar:
¿Qué cosas de mi vida ya no me representan, aunque alguna vez sí lo hayan hecho?
¿Qué estoy sosteniendo por deseo y qué estoy sosteniendo por miedo, culpa o costumbre?
¿Qué parte de mí está pidiendo espacio y todavía no me estoy permitiendo escuchar?
¿Estoy buscando una respuesta porque realmente la necesito o porque me cuesta tolerar la incertidumbre?
¿Qué pasaría si no tuviera que decidirlo todo hoy?

A veces una buena pregunta no nos da una respuesta inmediata, si no aparece ahora una respuesta clara, deja que simplemente estas preguntas queden rebotando energéticamente, como un interrogante que no busca ser resuelto sino más bien experimentado.

No todos los cambios tienen una forma evidente. No siempre el cambio o decisión implica mudarse, renunciar, terminar una relación o empezar algo completamente nuevo. A veces el cambio ocurre en la manera en la que empezás a mirarte. Dejás de aceptar ciertas cosas. Te empezás a preguntar qué querés de verdad. Ya no necesitás demostrar lo mismo. Te permitís decir que no. Poner límites. Dejás de perseguir una versión de éxito que ya no te interesa y ajustas tu propia visión de éxito hoy.
Y aunque desde afuera parezca que “no está pasando nada”, adentro puede estar ocurriendo muchísimo. Por eso quizás no necesitás apurarte a convertir este momento en una decisión. Quizás primero necesitás reconocerlo.

No estás perdida. Tal vez estás atravesando ese momento incómodo en el que la persona que fuiste ya no alcanza para explicar quién sos hoy. Y eso no significa que hayas perdido el rumbo. Significa que tu rumbo puede estar cambiando.
No hace falta tener todas las respuestas para atravesar una transición.
Podés estar confundida y, al mismo tiempo, estar avanzando.
Podés extrañar quién eras y aun así no querer volver atrás.
Podés tener miedo y seguir escuchando lo que necesitás.
Y podés no saber todavía hacia dónde vas sin estar necesariamente perdida.
A veces, antes de encontrar un nuevo camino, necesitamos aceptar que el anterior ya no es nuestro.
Y quizás ese sea el verdadero comienzo.

Una pregunta para llevarte hoy:
Si pudieras dejar de preguntarte “¿qué debería hacer?” por un momento...
¿Qué parte de vos está pidiendo ser escuchada? ¿Qué deseo quiere ser vivido?
No hace falta que tengas una respuesta ahora.
Empezar a escucharla ya es una forma de empezar a encontrarte.
Si sentís que estás atravesando un momento de cambio y necesitás ponerle palabras, orden y sentido a lo que te está pasando, podés conocer mi forma de acompañarte.
No para decirte qué decisión tomar, sino para ayudarte a mirar con más claridad aquello que hoy quizás todavía aparece como confusión.


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